Es uno de los cerebros del alperovichismo en los asuntos parlamentarios más importantes. Sin embargo, Sisto Benjamín Terán Nougués (PJ) prefiere mostrar otro perfil. "Yo soy un empleado raso", asegura, con consciente modestia.

Podría sustentar sus dichos en que, pese a su experiencia, no ostenta ningún cargo jerárquico en la Cámara. Pero, además de integrar tres comisiones clave -preside las de Juicio Político y de Digesto Jurídico e integra la de Asuntos Constitucionales-, cada vez que Terán Nougués habla en el recinto la bancada oficialista guarda un excepcional silencio. Y, más allá de los muros de la Legislatura, hasta el propio titular del Poder Ejecutivo, José Alperovich, escucha con atención al ex vicegobernador.

De ahí la trascendencia de que este referente del PJ, en una entrevista con LA GACETA, haya dicho: "si yo fuera jefe, iría para adelante con la reforma". Justo en momentos en que a nivel nacional se reflota esa posibilidad para habilitar la re-reelección de Cristina Fernández de Kirchner.

- ¿Cómo es el procedimiento para modificar la Constitución?

- Para llegar a una reforma, primero la Legislatura tiene que habilitarla. Es imposible que se avance con este proceso sin que la Cámara sancione, con mayoría calificada -es decir, dos tercios del cuerpo-, la ley de necesidad de reforma. En ella se determina si los cambios serán totales o parciales; si ocurre esto último, se indica de forma específica y puntual cuáles serán los artículos que se habilitan para ser reformados. No debe confundirse esto con la reforma constitucional; es simplemente una norma que permite abrir la instancia del debate. Esto faculta al gobernador a convocar a comicios con destino a la elección de convencionales constituyentes, que son quienes resuelven, finalmente, si se reforma o no. Si se producirán cambios totales, los convencionales tienen plenos poderes para tratar cualquier artículo. Si es parcial, sólo pueden ingresar a estudiar los habilitados; pueden decir "sí" o "no", pero no algo distinto de lo que plantea la ley madre. Es un proceso que puede llevar un año; de hecho, no se pueden hacer los comicios en los primeros 60 días.

- ¿Existe alguna doctrina que indique si es aconsejable reformar una carta magna cada cierto período?

- No, no hay ninguna doctrina. La Constitución nacional fue reformada en forma sucesiva: se sanciona en 1850, tuvo modificaciones en 1860 y varias otras después; incluso en 1949, la más resonada, en época de Juan Domingo Perón, cuando se hizo una reforma que fue declarada nula por un golpe de Estado.

- En lo personal, ¿piensa que es un momento para hacerlo?

- Lo dije varias veces: soy un partidario firme de la reforma, y creo que a esto hay que decirlo con mucha franqueza. El primer motivo es esencial: la Justicia ha incursionado en temas que fueron reformados en 2006, y ha determinado que algunos de ellos son inconstitucionales. Hay tres que recuerdo en este momento. El primero, las enmiendas constitucionales, sancionadas en 2006; el segundo, el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM), que fue motivo de un gran debate y también objeto de fallos judiciales adversos; y el tercero es la Junta Electoral Provincial. Todo esto implica que, de mínima, haya que realizar correcciones. Sobre esto no hay espacio de discusión; quien haga cuestionamientos es porque viene con mucha mala fe. Incluso, debería significar un hecho administrativo rápido.

- Más allá de lo técnico, ¿cuál es su opinión en lo político?

- Aquí cada uno puede tener su opinión. En lo personal, sostengo desde hace mucho tiempo que la posibilidad de un individuo de participar de comicios debe ser lo más amplia posible, y debe ser la población la que diga con su voto sí o no a la chance de que esa persona siga ejerciendo la función pública. No hay ningún lugar en la galaxia... ¡en la galaxia! que prohiba la reelección de legisladores. Un legislador se forma con el tiempo, y así adquiere una capacitación. Hay casos famosos en EE.UU. de legisladores y senadores, como Edward Kennedy, que han estado durante 30 o 40 años (en funciones), y se sometieron al escrutinio popular. Cada 'x' cantidad de años ellos tienen que ir, presentarse y decir "quiero continuar siendo legislador". Las cláusulas de proscripción para lo único que han servido fue para pervertir la política, para generar la figura del legislador cónyuge, y otras cosas que no comparto. Realmente, no creo que sea lo ideal ni lo deseable; lo deseable es que el pueblo tenga la posibilidad y la potestad de determinar por sí o por no.

- ¿Y con los cargos ejecutivos?

- Es materia de opinión; hay Constituciones provinciales que establecen sistemas de reelección indefinida, como la de Formosa; de tres reelecciones, como las de Córdoba y Salta; o de ninguna, como la de Santa Fe. A eso lo define el pueblo. Si Sisto Terán tiene ganas de que haya reelección indefinida, no lo puede hacer. Si el pueblo le da la posibilidad, bienvenido sea.

- ¿Es viable la reforma, al menos para cargos parlamentarios? ¿Está en la agenda?

- Siempre es viable. Pero a la agenda política, al menos desde el punto de vista del oficialismo, la define el gobernador, no Sisto Terán. Soy un empleado raso. Pero si yo fuera jefe, iría para adelante con la reforma. Lo digo siempre. Pero creo que el gobernador tiene otros elementos de juicio y los analiza, y el tema no está sobre el tapete. Lo están poniendo ustedes. Y a mí me gusta mucho que se hable el asunto.

"Si fuera jefe, iría para adelante con la reforma"

Un gesto del gobernador para los legisladores

En mayo, luego de que la Cámara habilitó al PE a tomar créditos hasta por $ 400 millones, el gobernador, José Alperovich, invitó a la bancada oficialista a un asado y puso sobre la mesa el tema de la reforma constitucional.

El pedido del intendente de la capital

Esta semana, Domingo Amaya volvió a instalar el tema. El intendente aseguró que debía realizarse una reforma constitucional para habilitar otros mandatos de José Alperovich y de la presidenta, Cristina Fernández. "La gente lo pide", dijo.

Un guiño para la presidenta

El jueves, el gobernador agradeció las palabras de Amaya, pero sostuvo que no es momento "de pensar en ninguna reforma". De todas maneras, avaló la posibilidad de que la Presidenta continúe otros cuatro años más al frente del PEN.